La rutina volvía. De a poco. Los soldados se movían por los jardines, más relajados, aunque aún atentos. Las cocineras volvían a llenar los pasillos con el aroma a salsa y ajo.
Y Svetlana… Svetlana ya no tenía la mirada vacía.
Había tratado de pasar esos días encerrada junto a Dante, sentada a su lado, sosteniéndole la mano cuando dormía, pero no podía eludir su papel como líder del clan. Las reuniones con Asgeir no cesaban.
Los lideres de los clanes aliados querían saber qué venía ahora. Querí