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Sebastián siempre llegaba antes que ella.

Era una de esas constantes que Ariadna había dejado de notar con el tiempo, de la misma manera en que uno deja de notar el sonido del tráfico o el peso de los propios zapatos. Él llegaba primero. Él esperaba. Cuando las puertas del ala clínica se abrían y ella aparecía, él ya estaba ahí, con los brazos ligeramente abiertos y esa sonrisa que era casi perfecta, casi completa, casi lo que debía ser.

Ese martes no fue diferente.

Lo vio desde el pasillo, ant
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