Llegó sin avisar que llegaría diferente.
Eso era lo que Damien notó primero: no el cambio en su postura, no la forma en que dejó el bolso en el suelo en lugar de sostenerlo sobre el regazo como solía hacer, sino algo anterior a todo eso, algo que existía antes de que ella cruzara el umbral y que él percibió con la misma precisión con que un médico percibe una temperatura antes de tocar la frente. Ariadna entró al consultorio como quien entra a un lugar que ya conoce demasiado para seguir tenién