La carpeta no tenía índice.
Eso era lo primero que Damien notó cuando la abrió por segunda vez, en el silencio de su consultorio con la tarde ya cayendo del otro lado del cristal. Había evaluaciones que él mismo había supervisado a lo largo de los años, documentos con una arquitectura precisa, con secciones delimitadas y criterios de clasificación que respondían a décadas de consenso clínico. Esta no tenía nada de eso. Tenía hojas. Tenía letra —una letra que reconoció como la de Renata Solís, s