—No te preocupes, Vero —le respondió él con una sonrisa confiada—. Si tienes el certificado de nacimiento, lo demás es sencillo.
—Lo tendré —aseguró ella, aunque por dentro rezaba para que Camila cumpliera con su parte.
Lía, por su lado, vivía entre la angustia y la esperanza. Cada día despertaba con el miedo de que todo se descubriera, pero también con la ilusión de ver a Lucía reconocida legalmente como su hija. Cada vez que cargaba a la pequeña y la veía sonreír, se convencía más de que la m