La noticia la dejó sin aliento. Por un instante, el mundo pareció detenerse. ¿Qué pasaría con su vida ahora? ¿Cómo enfrentaría un nuevo hijo, con tantos problemas encima?
Pero luego respiró hondo. No podía derrumbarse otra vez.
Ya había pasado por demasiado para seguir martirizándose. Esta vez decidió tomar fuerza del desconcierto y seguir adelante, sin miedo, sin lamentos, aferrándose a la idea de que la vida, de algún modo, siempre se abría paso.
Ahora su mente era un torbellino.
Pensaba en