Capítulo 38: Reencuentro Inevitable.
En la empresa, Lía hacía lo imposible por evitarlo. Se mantenía ocupada, cambiando de pasillos, limpiando en horarios distintos. Pero el destino parecía burlarse de ella: cada vez que intentaba esconderse, él aparecía.
Bastaba un cruce de miradas para que el aire se llenara de tensión.
—Lía —la llamó una noche, cuando ya casi todos se habían marchado.
Ella se detuvo, sin mirarlo.
—No deberías hablarme aquí —susurró.
—Necesito saber si estás bien.
—No lo estoy —respondió con franqueza—. No