Capítulo 37: La Inocencia de Lía.
Lía no durmió aquella noche.
El recuerdo de lo sucedido se repetía una y otra vez en su mente, como una película que no podía detener. Cada detalle —sus manos, su mirada, su voz temblando al disculparse— la perseguía sin descanso.
Se sentía avergonzada, confundida, y al mismo tiempo… viva.
Nunca había sentido algo así. Y eso era lo que más le dolía: saber que lo había sentido precisamente con un hombre al que jamás debió acercarse.
Al amanecer, se levantó sin fuerzas, con los ojos hinchados