Alexander había salido de la cocina cuando ella le dijo a Oliver que era mejor que se marchara y él se había negado a irse. Lo habría podido detener antes de que él intentara besarla, pero por un momento flaqueó su confianza en ella y pensó que Ariadna no rechazaría a Oliver. Ahora estaba arrepentido de haber dudado de su esposa.
—¿Estás bien? —preguntó en cuanto él estuvo a su lado. Rodeó su cintura y tomó una de sus manos.
—Sí. Oliver ya se iba.
—Entonces, lo acompaño a la salida.
—Aún tengo