Alexander le dio un beso a su esposa y luego las dejó a solas en la habitación. Ariadna palmeó a su lado invitándola a sentarse.
—¿De qué querías hablar? —preguntó su hija. Ella había notado su nerviosismo, su madre no era así. Pero decidió darle su tiempo. Hasta ese momento, ella y su mamá se habían llevado bastante bien.
—Bueno… yo… Lo que quiero decir es: ¿Recuerdas que cuando llegué, dijiste que no te importaría si yo estuviera con… alguien?
—Oh, era eso. Mamá, eres joven y bonita. Por supu