Alexander interpuso su cuerpo entre su esposa y la recién llegada.
—¿Qué quieres? —Él recordaba perfectamente el nombre de la mujer que había acosado a su esposa meses atrás.
—No estoy aquí para crear problemas, solo quiero hablar contigo.
—No estoy segura —dijo Ariadna—, la última vez que hablamos…
—Sé que no fue para nada agradable, y me disculpo por ello.
Ariadna sintió sinceridad en sus palabras y en su mirada. No está segura de lo que le haya ocurrido, pero parecía alguien diferente.