Alexander había ordenado que abastecieran la pequeña cocina del yate con algunas comidas fáciles de preparar. Su plan era pasar un día tranquilo junto a su ahora esposa. Ella no había querido una luna de miel; podía entender sus razones y estaba bien con eso. Haría de todo por que ella se sintiera bien a su lado.
Pero de seguro que Alexander jamás imaginó lo que sucedería a continuación.
Él sintió los brazos de Ariadna rodearlo por su cintura. No se lo esperaba, pero no demostró su sorpresa. Él