Daniela no durmió bien esa noche.
A pesar de haberse recostado en el pecho de Víctor y haber sentido por unas horas el consuelo que solo él podía darle, su mente no dejaba de repetirse una y otra vez: "El viernes… el viernes lo sabremos todo."
Se levantó temprano, incluso antes que los niños. Caminó por la habitación en silencio, y fue hasta la terraza para mirar el cielo plomizo. Parecía que incluso el clima estaba anticipando lo que venía. Las nubes no presagiaban lluvia, pero sí ese tipo de