A la mañana siguiente, Melissa aún tenía el cabello revuelto cuando lo vio caminar por la habitación con un café en mano, vestido ya con una camisa blanca y los primeros botones abiertos.
Ella parpadeó de forma lenta mientras los sonidos llegaban a sus oídos, y se levantó con calma, para ver a través de la ventana que Luca ya estaba abajo, gritando con los hijos de Andrea.
—Creo que dormí más de lo que debía —se tocó la frente y luego notó a Bruno venir hacia ella, con una sonrisa.
—Buenos días