La noche había avanzado más rápido de lo que Melissa notaba. Cuando salieron del museo, el aire helado pareció pegarse a sus brazos desnudos, pero Bruno no soltó su cintura en ningún momento.
El chofer ya los esperaba, Bruno no quería manejar de vuelta, y abrió la puerta del coche. Cuando ella entró, su mano la siguió por la espalda baja, guiándola como quien reclama lo que le pertenece. Cerró la puerta con calma, y luego la miró.
Durante varios minutos no hubo más sonido que el de las ruedas s