Melissa no sabía si era la cena, el vino sin alcohol o esa forma en la que Bruno parecía mirarla como si pudiera adivinar todo lo que pasaba por su cabeza. Pero sentía el corazón latirle más fuerte de lo normal. Cada gesto de él, cada pausa, cada palabra dicha con voz baja, le revolvía algo dentro.
Cuando terminaron de comer, Bruno se levantó, y le ofreció el brazo. Ella no supo porque le resultó extraño, porque pensó que aquí se acababa todo.
Pero parecía que él tenía otros planes.
—Déjame mos