El sol apenas comenzaba a elevarse cuando Melissa abrió los ojos. Aún estaba enredada entre los brazos de Bruno, y por un instante, se permitió disfrutar del calor de su cuerpo, de la respiración acompasada de él, pero no duró mucho.
Recordó lo que sucedería esa noche, y el peso de la verdad volvió a caerle encima como una losa.
Se levantó con cuidado, sin despertarlo, y caminó hacia el espacioso baño para lavarse los dientes y mirarse al espejo.
La mansión se estaba preparando algo grande y de