Daniela se dirigió a la mansión de Víctor con una determinación férrea, mientras las luces de la ciudad desaparecían, y su Uber, subía por la loma, a donde se encontraba la mansión de Víctor.
Realmente no le importaban las dudas ni el miedo que le oprimía el pecho; solo tenía en mente a su madre y lo que fuera necesario para salvarla.
Eso, además de que tenía una confesión por hacer.
Ella le ordenó al hombre que la trajo, que la dejara antes de la entrada, y caminó segura, frotándose los brazos