Daniela sintió un par de palmas en sus mejillas y lo primero que vio cuando parpadeó, fue a Víctor.
—¿Estás bien? Perdiste el equilibrio —su aroma la arropó por completo. Estaba casi que metido entre sus piernas mientras sostenía su espalda.
Ella pensó que estaban en un pequeño cubículo, y se alarmó con lo segundo que dijo.
—Una enfermera viene en un momento, va a valorarte —eso fue suficiente para que se pusiera de pie de un tiro.
—No… Quiero ver a mi madre.
—Espera —él intentó detenerla, pero