Dos líneas rojas y muy brillantes se visualizaron antes sus ojos abiertos, y aunque no tenía experiencia, sabía lo que eso significaba.
—¡Daniela! —La puerta golpeó otra vez.
Ella se obligó a tomar la cinta y guardarla en su pantalón, para luego pasarse el cabello hacia atrás y abrir la puerta.
—¿Qué pasa? Estaba en el baño.
Titus cambió de expresión al verla. Pues su color y mejillas rosadas, como de costumbre, no estaban.
—¿Estás bien? —preguntó con aparente preocupación y ella asintió.
—Me s