—Estoy feliz por ella, y Daniela lo sabe —Melissa asintió cuando observaba a su hermano hacer la maleta. Por la tarde saldrían en un vuelo, y como lo predijo, se irían juntos a Los Ángeles, y luego, después de unos días, irían a la isla junto con Daniela y los invitados para la boda—. Imagino que no dejan de hablar ustedes dos.
Melissa se puso tensa y abrió la boca.
—Como estoy en intensivo, y ella en otro mundo, hemos hablado poco.
Javier arrugó el ceño y se detuvo en lo que estaba haciendo.
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