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2: La propuesta de matrimonio por contrato

El contacto de los labios de Archie sobre los de Eleanor apenas duró unos segundos.

Sin embargo, para Eleanor, el tiempo pareció detenerse durante una eternidad.

Su cuerpo se quedó inmóvil.

Su corazón latía con tanta fuerza que le parecía imposible que los demás no pudieran escucharlo.

Incluso sus mejillas se tiñeron de rojo, dificultándole la respiración.

Cuando volvió a levantar la vista, encontró a Archie observándola con una expresión sorprendentemente suave.

Pero ella seguía paralizada.

¿Qué acababa de pasar?

¿Por qué Archie la había besado?

Ella no era más que una simple empleada de su empresa.

Su relación nunca había ido más allá de la de jefe y subordinada.

Y, en la mayoría de las ocasiones, solo interactuaban durante reuniones de trabajo.

Fuera de eso, no existía ninguna cercanía entre ellos.

Entonces, ¿por qué aquel hombre la había besado sin previo aviso?

¡Definitivamente debía haberse vuelto loco!

La mirada de Archie permaneció unos instantes sobre ella.

Sin embargo, aquella suavidad desapareció cuando volvió a mirar a Greta.

La mandíbula de Greta se tensó.

—¡Estás completamente loco, Archie!

Su rostro estaba rojo de furia.

Le señaló alternativamente a él y a Eleanor.

—Ustedes dos...

Negó lentamente con la cabeza.

—No puedo creerlo.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Archie.

—Nadie te ha pedido tu opinión.

Greta apretó los dientes.

—Pero hay algo que debes entender.

La mirada de Archie se volvió afilada.

—Nunca bromeo con las cosas que digo.

Eleanor casi se atragantó al escuchar aquellas palabras.

¿De qué estaba hablando?

¿Realmente pensaba mantener aquella mentira?

Miró a Archie sin poder creerlo.

El hombre conocido por ser frío, distante e implacable en la empresa estaba actuando de una forma completamente distinta.

Y ella era incapaz de entenderlo.

Antes de que pudiera reaccionar, Archie volvió a hablar.

—Ya he decidido con qué mujer voy a casarme. Y jamás aceptaré el compromiso que intentan imponerme contigo.

Sus palabras fueron directas.

Su mirada permaneció fija sobre Greta.

Los puños de Greta se cerraron con fuerza a ambos lados de su cuerpo.

Su mandíbula se endureció aún más.

¿Cómo era posible?

¿Cómo podía haber sido rechazada por una mujer tan común como Eleanor?

No.

Aquello era una humillación insoportable.

La mirada que dirigió a Eleanor ya no estaba cargada de desprecio.

Era puro odio.

Pura rabia.

Sus ojos brillaron peligrosamente.

Le señaló directamente.

—¿Hablas en serio? ¿La eliges a ella antes que a mí?

Archie la observó con absoluta indiferencia.

No respondió.

Pero su silencio fue una respuesta más clara que cualquier palabra.

Greta soltó una carcajada forzada.

Una risa llena de incredulidad y resentimiento.

—Muy bien.

Sus ojos destellaron.

Tomó rápidamente el vaso de agua que había sobre la mesa.

Y, sin previo aviso, lo lanzó contra Eleanor.

Todo ocurrió tan deprisa que Eleanor ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar.

Justo cuando el agua estaba a punto de alcanzarla, Archie se movió.

Se colocó delante de ella y recibió toda la descarga.

El agua empapó la espalda de su costoso traje.

Eleanor abrió los ojos de par en par.

No podía creer lo que acababa de ocurrir.

Archie la había protegido.

La expresión del hombre era claramente sombría.

Greta también se quedó paralizada.

Dejó el vaso sobre la mesa.

—Tú...

La frustración y la ira se mezclaron en su voz.

No podía aceptar que Archie estuviera dispuesto a proteger a Eleanor de aquella manera.

Finalmente, tomó su bolso.

Sin decir una sola palabra más, abandonó el restaurante.

Después de que Greta desapareciera, el silencio se instaló entre ellos.

Eleanor seguía mirando a Archie.

Él estaba de pie frente a ella.

Demasiado cerca.

—¿Por qué hizo esto, señor Richter?

La confusión era evidente en su voz.

—¿Por qué me involucró en sus problemas afirmando que soy su novia?

Archie la observó fijamente.

Y respondió sin rodeos:

—Entonces cásate conmigo.

Eleanor se quedó petrificada.

Lo miró como si acabara de escuchar una locura.

—¿Qu-qué?

—Cásate conmigo.

—N-No bromee, señor Richter.

La incredulidad se reflejaba en su rostro.

Un instante después, soltó una pequeña risa nerviosa.

—¿Sigue interpretando el papel de hace un momento? De verdad me ha asustado.

Pero Archie no sonrió.

Ni apartó la mirada.

Continuó observándola con absoluta seriedad.

—Hablo en serio. Cásate conmigo. Ya te has visto involucrada en mis problemas. Lo mejor es llevar esta situación hasta el final.

La sonrisa de Eleanor desapareció de inmediato.

Su expresión se volvió rígida.

—¿Por qué tendría que casarme con usted?

Su voz era firme.

—Trabajo para usted, señor Richter. Pero eso no significa que pueda proponerme matrimonio de la nada.

Era una negativa clara, aunque expresada con cortesía.

Archie permaneció tranquilo.

—¿Y si la razón no fuera que somos jefe y empleada?

Eleanor frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

La mirada de Archie se volvió más intensa.

—¿Acaso tu prometido no acaba de abandonarte por otra mujer?

Eleanor guardó silencio.

—Si te casas conmigo, podrás cerrar la boca de todos los que se burlan de ti.

Los ojos de Eleanor se abrieron.

—¿Escuchó todo lo que pasó?

La sorpresa era evidente.

¿Cómo era posible?

¿Había oído la discusión entre ella y Julian?

Era cierto que habían levantado la voz.

Y Julian no había tenido ningún reparo en humillarla públicamente.

Había dicho que su propio padre no la valoraba.

Que había sido abandonada.

Que no era más que una herramienta para fortalecer alianzas empresariales.

Palabras crueles.

Palabras que todavía seguían desgarrando su corazón.

Archie volvió a hablar.

—Un matrimonio por contrato.

Su tono era tranquilo.

—¿Qué te parece? Solo durará un año. Después serás completamente libre.

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

Eleanor bajó la mirada.

Pensó en Julian.

Pensó en la traición.

Pensó en los años de desprecio por parte de su padre.

¿Casarse con Archie era realmente la única salida?

Quizá no.

Pero tampoco parecía la peor opción.

Si continuaba sola, nada cambiaría.

Lentamente levantó la vista.

Sus ojos se encontraron con los de Archie.

Tragó saliva.

Y finalmente respondió:

—De acuerdo.

Hizo una breve pausa.

—Acepto. Solo será un matrimonio por contrato, ¿verdad?

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