A la mañana siguiente, la luz se filtraba suavemente a través de las cortinas, iluminando la habitación con un cálido resplandor. Luna abrió los ojos pesadamente, sintiéndose extremadamente cansada. Su instinto le decía que debía levantarse.
Con esfuerzo, se incorporó y miró a su alrededor. El cuarto era enorme, con una decoración lujosa; las sábanas y los muebles parecían de una suite de un hotel de cinco estrellas. De repente, un escalofrío recorrió su cuerpo. Algo no estaba bien; ¡este no era