—No sé de qué estás hablando. Sebastián y yo éramos los mejores hermanos, los mejores socios. Ganábamos dinero juntos, expandíamos la empresa. ¿Cómo podría asesinarlo? Después de su desgracia, había estado cuidando de su familia. No te creas, puedes preguntar a la viuda de Sebastián, Carmen. Pregúntales cuánto apoyo le he dado a lo largo de los años —Víctor fingía serenidad.
—No digas tonterías. Si no tuviéramos evidencia, no te habríamos traído aquí —Vicente, sin levantar la vista, dijo.
—Mejor