Celia estaba tan maltrecha que sus ojos estaban desorbitados y no podía hablar. Ella, la señorita del alta y poderosa familia Fernández, había tenido algunos novios en el pasado, pero todos la trataban con cuidado, mimándola y atendiéndola con sumo esmero. Nunca antes había sido tratada de esa manera. En ese momento, sentía que era una vieja toalla usada, arrojada en una cama sucia.
Después de que Juan se deshiciera de ella, se levantó de la cama sintiéndose mucho más cómodo.
—No he podido dormi