Lo que había sucedido era irreversible. Luna, con la cara encendida y el cabello alborotado por la ira, levantó la voz para acusar.
—¡Leandro! ¡Celia mató a mi hija! ¡No voy a dejar que se salga con la suya!
—¡Basta! ¡No hables más de esto! No tienes derecho a involucrarte. Yo me encargaré —Leandro alzó la voz de repente.
—¿Tú te encargarás? ¿Tu forma de encargarte es ignorar lo que ha pasado? ¿Es no querer escuchar? ¿Es no creer en mis palabras? ¡Leandro, sé que en el fondo no consideras a Sía