Luna tomó una profunda respiración, esforzándose por contener su voz temblorosa, sin querer hacer notar al niño que algo andaba mal.
—Sía, cuando amanezca y afuera esté despejado, sal tú sola. Puedes reconocer la dirección; sigue el lago, sigue hacia el sur. Siempre encontrarás la salida de las montañas, llegarás a la carretera principal y estarás salvada... si... Sía, no olvides a mamá...
Ella besó la mejilla tierna de Sía, pero lo que sintió fue el amargo sabor de sus propias lágrimas. Su cora