—¡Leandro, no te pases de la raya! ¿De verdad quieres tener tres esposas? —Luna también se enfadó. Era demasiado, no le respondía de manera directa, claramente la estaba intimidando.
Su reproche solo le valió que él la apretara con fuerza en la cintura.
—¡Me duele! —exclamó Luna, quejándose.
—Te lo buscaste. Luna, no importa por qué aceptaste ser la dama de honor de Celia —Leandro ya mostraba su descontento.
—No intentes arruinar la boda. De lo contrario... —hizo una pausa, advirtiéndola con dur