—Luna, a las cuatro de la tarde, vamos a probarte el vestido de dama de honor. Enviaré a alguien a recogerte —Celia, al ver que Luna se iba, se apresuró a decir.
—Está bien —Luna no se detuvo ni se volvió.
Después de eso, cerró la puerta de la oficina, dejándolos a solas. Leandro miró la espalda fría y distante de Luna, sintiendo que la ira que lo consumía no tenía dónde desahogarse. Cerró los puños, deseando romper todo lo que tenía a su alrededor.
—Leandro, realmente quiero ese coche. Sabes qu