—Luna, ¡qué bien que aceptaste! —Pensó Celia, burlándose internamente, mientras su rostro mostraba una sonrisa radiante.
Luna mantuvo la calma, calculando en su mente. Para poder irse de Cantolira, primero necesitaba dinero, y ya lo había conseguido. Lo siguiente era estar al tanto de los movimientos de Leandro para poder planificar su tiempo y su estrategia.
Involucrarse en los preparativos de su boda era la mejor opción. El día de la boda sería el día perfecto para que ella y Sía desapareciera