En la familia Fernández, Celia volvió a llamar a Juan, porque solo él había visto a la chica en el teléfono de Luna. Aunque antes le había dicho a Juan que se fuera con su dinero y que abandonara Cantolira, ahora tenía algo más importante que hacer. Ambos se escondieron en el jardín trasero detrás de unas rocas, susurrando.
—¿Recuperaste el teléfono de Luna? —dijo Celia, tapándose la nariz. Un hombre de la calaña de Juan, con su olor a tabaco, no merecía que le dirigiera la palabra.
Como la hija