Luna notó que la mirada de Leandro recaía sobre su hombro. Fue entonces cuando recordó que todavía llevaba el traje de Diego. Se lo quitó y se lo devolvió a Diego, sonriendo.
—Gracias, ya no lo necesito.
Sin embargo, Diego no extendió la mano para recibirlo y preguntó: —Estás completamente empapada. ¿Tienes ropa de recambio? Si no, puedo ir a comprar una ahora mismo.
—Diego, ¿no tienes nada mejor que hacer que entrometerte en mis asuntos? —Leandro soltó una risa fría.
—Si no puedes cuidar de tus