Luna se abrazó los brazos, apenas cubriéndose, y preguntó:
—¿Ya está bien? ¿Puedo vestirme ahora?
Leandro se dio la vuelta y sacó un conjunto de lencería de un cajón de su escritorio. Con un movimiento brusco, se lo lanzó a la cara.
—Póntelo.
La lencería se deslizó y Luna la atrapó en el aire. Al verla de cerca, sus ojos se abrieron como platos.
¿Esto? Era de encaje negro, con tul transparente, una tela tan ligera que apenas cubría algo. Era claramente lencería erótica. Se quedó atónita. ¿Leandr