Julio inhaló profundamente, visiblemente molesto.
Al presenciar el intercambio de palabras entre padre e hijo, Luisana se contuvo para no reír.
En ese momento, sonaron pasos ligeros.
Noa caminó de manera ordenada hacia Julio, llevando una bandeja de té y colocando el café en la mesa.
—Julio, por favor, disfrute del café.
Al escuchar la voz suave y encantadora de la joven, además de su rostro de porcelana y juvenil, Julio no pudo evitar sentirse encantado y le sonrió cálidamente. —Noa, no esperab