Víctor miró a Luisana.
Luisana le devolvió la mirada, más molesta, y preguntó con voz profunda: —¿Julio, lo trajiste tú?
Víctor parpadeó, con una expresión seria que marcaba límites claros. —Soy el hijo de Julio, pero no soy un traidor. ¡Mi corazón siempre estará con Clara!
Las palabras ingeniosas de Víctor hicieron que Luisana no pudiera contener la risa y preguntó en voz baja: —¿Qué hacemos entonces? ¿Abrimos la puerta?
Víctor, con las manos en los bolsillos, se rio entre dientes. —Si no la ab