(NARRADO POR KEELEN)
El gimnasio de rehabilitación nunca se había sentido tan... brillante. Hasta el olor a desinfectante industrial y goma sudada me parecía perfume de rosas esta mañana. Estaba sentado en la silla de ruedas, esperando a Marcus, y no podía dejar de tamborilear los dedos rítmicamente sobre el reposabrazos. Tenía una sonrisa que, si no fuera por el dolor de espalda, me habría dado la vuelta a la cabeza.
Marcus entró con su habitual cara de "vamos a sufrir, Thalassa", pero se detu