(NARRADO POR KEELEN)
Faltaban solo tres días. Tres malditos días para que se cumpliera el mes y pudiera dejar atrás este polvo, estas piedras y la mirada gélida de Artemises. Tenía la maleta medio hecha en mi habitación, pero el deber —o quizás mi maldito orgullo profesional— me obligó a bajar a la zona de la ladera norte por última vez.
Artemises estaba allí, terco como siempre, revisando una estructura que yo sabía que estaba comprometida por las lluvias de la noche anterior.
—¡Artemises, sa