(NARRADO POR EIRA)
El puerto de Elogsui se veía borroso a través del cristal del ferry. Tenía la mochila al hombro y el corazón encogido. Mi recuperación había avanzado lo suficiente como para que los médicos me permitieran volver a las aulas de Atenas, pero volver significaba dejar este refugio donde, a pesar de las peleas con mi padre y las verdades del abuelo, había sido inmensamente feliz con Keelen.
Él estaba allí, de pie en el muelle, con el viento despeinando su cabello y esa mirada que