(NARRADO POR KEELEN)
Me quedé allí, de pie, recibiendo cada una de sus palabras como si fueran cristales rotos. Tenía razón. Todo lo que decía Eira era una verdad que me quemaba las entrañas: fui un cobarde, la dejé sola cuando más me necesitaba y esperé a que el mundo se desmoronara para reaccionar.
—Lo sé, Eira —dije, y mi voz sonó más profunda, cargada de una determinación que ella no esperaba—. Fallé. Te fallé en Elogsui, le fallé a la confianza de tu padre y me fallé a mí mismo como hombre.