(NARRADO POR EIRA)
El portazo de mi padre al salir de la habitación dejó un eco vibrante que pareció sacudir las paredes de cristal de la UCI. Mi madre lo siguió en silencio, lanzando una última mirada indescifrable sobre su hombro. Por fin, el aire pesado de la confrontación familiar se disipó, dejando solo el pitido monótono de las máquinas y la respiración agitada de Keelen.
Él se dejó caer en la silla junto a mi cama, como si el peso de su propia confesión le hubiera roto las rodillas. Inten