(NARRADO POR EIRA)
El mundo regresó en fragmentos de blanco cegador y un pitido rítmico que me taladraba las sienes. Intenté moverme, pero mi cuerpo pesaba como si estuviera hecho de plomo y una punzada eléctrica me recorrió la pierna derecha, recordándome el impacto, el frío y el metal retorcido.
—¿Eira? ¿Hija? —la voz de mi padre llegó a mis oídos, cargada de una angustia que me hizo querer cerrar los ojos de nuevo.
Pero mi mente, aún nublada por la anestesia, buscaba un ancla diferente. Un ar