(NARRADO POR EIRA)
El silencio del viejo apartamento de Keelen se sentía pesado, pero no era el silencio de la paz, sino el de una tumba que se resistía a ser sellada. Keelen había salido hacía veinte minutos a buscar más cajas de cartón y cinta de embalar; quería dejar este lugar vacío antes del anochecer. Yo me había quedado doblando algunas de sus camisas, sintiendo una mezcla de alivio y melancolía al cerrar esta etapa.
El timbre sonó. Un sonido agudo, insistente, que rompió la calma de la