Mundo ficciónIniciar sesiónCuando regresó, Dorian ya tenía un poco de ungüento en la mano.
—Ven aquí —dijo con suavidad, pero su tono era inconfundiblemente autoritario.
Rose curvó las puntas de los dedos y se inclinó tímidamente hacia él.
Dorian tomó un bastoncillo de algodón impregnado con ungüento y lo aplicó con sumo cuidado en la comisura de sus labios, donde se había lastimado.
Estaban peligBiancamente cerca. Sus respiraciones se mezclaban, lentas, cargadas de una tensión invisible.







