El hermoso castillo de Everlove, una estructura imponente con muros de piedra gris y ventanales que reflejaban la luz del sol de mediodía, era el escenario de lo que se había anunciado como la boda del año. Las dos familias más influyentes de la ciudad, los Hamilton y los White, estaban a punto de unir sus destinos en una ceremonia que prometía deslumbrar a todos. La pompa, el lujo y la elegancia se respiraban en el aire. Sin embargo, al ser ya la una de la tarde, los presentes empezaron a notar que algo no estaba bien.Los invitados murmuraban entre sí, lanzando miradas nerviosas hacia el altar vacío, donde solo descansaban unos candelabros dorados. La hora prevista para la ceremonia ya había pasado con creces y no había señales de la novia ni del novio. Las cámaras de los medios de comunicación, posicionadas a un costado, comenzaban a captar todo lo que ocurría, listos para transmitir en vivo lo que sin duda sería el evento más esperado del año. Pero, a medida que los minutos pasaba
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