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—Te juré que guardaría tu secreto —siguió Bianca—, siempre y cuando cumplieras tu parte. Y tú lo hiciste. La despreciaste, la alejaste, la humillaste… ¡como una madre jamás debería hacerlo! Pero ahora… quiero más. Quiero que Rose te odie con el alma. Que cuando la verdad salga a la luz, te vea por lo que eres: una mentirosa.
Bianca se dio media vuelta con una sonrisa triunfal y comenzó a alejarse lentamente.
Adela se quedó paralizada, con las manos temblorosas. El pasado la estaba alcanzando… y