El sol brillaba con fuerza aquella mañana en la capital de Nuevo Milenio. Las banderas ondeaban con orgullo, los periódicos llevaban su rostro en la portada y la noticia recorría cada rincón del país: Dorian Rockwell había sido reelegido como presidente por segunda vez consecutiva.
Había demostrado ser un líder justo, firme, con una visión clara para el desarrollo de la ciudad y una habilidad nata para resolver crisis. Su trabajo impecable lo había hecho merecedor del reconocimiento de todos, i