.118.
Isabel se dejó caer nuevamente en el sillón, agotada. Su voz se redujo a un susurro.
—Pero algún día… ella pagará. No sé cómo. No sé cuándo. Pero me las va a pagar todas.
Bianca no dijo nada, pero un destello de su vieja malicia brilló por un instante en sus ojos.
En la oscuridad de su pequeño apartamento, Bianca repasaba en voz baja su plan. Su rostro reflejaba una mezcla de ira y desesperación. Sabía que la única forma de arrebatarle todo a Rose no era solo con palabras, sino con acciones.
—E