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Habitación – Al amanecer
Aún desnudos, envueltos en las sábanas de lino blanco, el cuerpo de Rose descansaba sobre el de Dorian. Su cabeza reposaba en su pecho, escuchando su respiración lenta, sintiéndose protegida. Las manos de él seguían acariciando suavemente su espalda, como si no pudiera dejar de tocarla.
—No sé qué hice para merecerte —murmuró ella en voz baja.
—Lo mismo pienso cada vez que te miro —respondió él, besando su frente con ternura.
La luz del amanecer comenzaba a colarse por