La parca
La miro, apartando un mechón de pelo de su cara. Sus ojos brillan con una luz salvaje, una chispa de desafío y deseo que me recuerda lo cautivadora que es. Mi deseo por ella no hace más que crecer, transformándose en una energía que ruge bajo mi piel como una tormenta en un cielo de verano.
— Eres increíble —digo con voz ronca, sintiendo cómo mi dominación se reaviva, como una llama cuya ardor el viento jamás podría apagar.
Deslizo mis manos por su cuerpo, redescubriendo cada curva, ca