La Segadora
Me quedo ahí, enterrado en ella, la frente pegada a la suya, como si quisiera anclar mi presencia hasta sus huesos, como si al quedarme el tiempo suficiente, pudiera borrar toda huella de lo que existía antes de mí y reemplazar cada recuerdo con este calor pegajoso que nos rodea, este calor que se adhiere a las paredes, a los muebles, a nuestras pieles.
Sus pestañas parpadean rápido, latidos nerviosos, casi impacientes, como si intentara ahuyentarme al cerrar los ojos, pero su res